Beatriz Zuluaga nació en Manizales en 1932, vivó y murió en Bogotá en el 2024. Vivió en la capital de Caldas, donde descolló en el mundo periodístico y cultural de la región, en especial por su vinculación al diario La Patria, tanto como columnista y directora de su suplemento literario. Directiva de la Casa de la Cultura de esta ciudad y promotora del Festival de Teatro.
Luego se vinculó a publicaciones nacionales como la Revista Mujer, Diners y la Revista de los Jueves de El Espectador, entre otras. Trabajó en el Instituto Colombiano de Normas Técnicas. Periodista también de la Gaceta, el periódico del Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB.
Libros de poesía publicados:
- La ciega esperanza, 1961.
- Este cielo boca abajo, 1970.
- Definiciones, 1980.
- Las Vigilias del Sueño, 1989.
- Eres Eros, 1997.
- A corazón abierto. 2004.
- Si Preguntan por mí. 2009.
He venido trabajando con empeño, desde mi labor pionera como colaboradora de la Antología editada por Teresa Rozo-Moorhouse: Diosas en bronce, publicada en 1995. (1) En 1987 llegué al Encuentro de Poetas Colombianas del Museo Rayo, por invitación de nuestra queridísima amiga, Maruja Vieira, quien me acercó a Águeda Pizarro y al maestro Rayo. He participado 37 años consecutivos, en este Encuentro y mi objetivo ha sido conocer y estudiar a las grandes poetas colombianas.
Supe de Beatriz cuando estudiaba periodismo en la Universidad Javeriana, y dos compañeras se hicieron muy amigas de ella y me hablaban de su obra, puesto que la admiraban entrañablemente. La sentían como su contemporánea o quizá como a la madre que hubieran querido tener, quien podía comprenderlas y escuchar todos sus proyectos y sus descalabros.
Los poemas de Beatriz Zuluaga profundizan y vivencian, con plena lucidez, ese su Otro-Yo de poeta, viviendo en la carne, adentrándose en ella, sabiendo de su angustia y de su muerte…
Desde nuestra Antología: Poesía Colombiana del Siglo XX, escrita por Mujeres, Tomo 1, entre las poetas nacidas entre 1920 y 1929 están Dora Castellanos, Meira Delmar, Maruja Vieira y Dominga Palacios, entre otras. Y de su propio grupo, las nacidas entre 1930 y 1939, se encuentran Gloria Cepeda Vargas, Olga Elena Mattei, Dorian Hoyos, también entre otras, pero lo que tienen en común es la época en la cual todas estas mujeres, con mucha dificultad, eran reconocidas como poetas y muchas otras, sumisas, aceptaban su rol de mujer, impuesto por los prejuicios de la sociedad. Beatriz siempre se resistió al acoso del machismo y de lo que era considerado para nosotras, parte de nuestra tradición. Y en aquel momento, alzó su voz y fue conocida por llevar su propio apellido y no el de un hombre.
Beatriz nace en 1932, en este año se da la primera transformación importante, con el reconocimiento de los Derechos Civiles de la Mujer casada. Y el 10 de diciembre del año 1934, se presentó al Congreso de la República un proyecto de ley para que las mujeres pudieran ingresar a la universidad, en igualdad de condiciones que los hombres. Suscitó una gran controversia como todo lo que tenía que ver con los derechos de las mujeres. Jorge Eliécer Gaitán defendió el proyecto, desde una perspectiva moderna, y
Germán Arciniegas lo rebatió, pero en últimas fue aprobado. La Universidad Nacional de Colombia, en el ambiente de renovación del gobierno liberal de Alfonso López Pumarejo, abrió sus puertas, por primera vez en Colombia, a las jóvenes que aspiraban cursar una carrera diferente al proyecto matrimonial y familiar, al cual habían estado adscritas de manera exclusiva. (2)
A partir de los años sesenta, la educación universitaria se abre plenamente, hasta llegar a tener la mujer una presencia de más del 50%. En política, con el Derecho al voto, que se utiliza por primera vez en el plebiscito de 1957, con una participación del 42% de los y las votantes, se les abre su participación a otros niveles. Será hasta 1975, durante el gobierno de Alfonso López Michelsen, cuando las Mujeres llegan a ocupar varios Ministerios, y de ahí se nos abre la posibilidad de ser alcaldes, gobernadoras, concejales y demás cargos de carácter político.
Beatriz desenmascara la enorme hipocresía del orden patriarcal, ataca uno de sus pilares más fuertes, la doble moral. El patriarcado imponía las reglas a la moral sexual de la mujer, y en todos los aspectos de su vida. El hombre debía cumplir con su deber y la mujer aceptar su obligación, asegurándole la
herencia, a través de los hijos. Y debemos recordar que nuestras libertades son el resultado de una inteligencia encerrada en casa o en casos excepcionales, combativa y desenfadada, como es la de Beatriz Zuluaga, que hace parte de las pioneras que nos abrieron el camino a las mujeres para
expresarnos abiertamente con nuestro cuerpo y con nuestra poesía.
Se daban dos tipos de mujeres en nuestra sociedad, las cuales son producto del sistema. La virtuosa y la otra, la perdida, las dos al servicio del hombre. A la esposa, el derecho al placer, le era negado. Y asomarla al placer era muy peligroso, por la tentación que tendría luego de buscar a otros hombres.
Podía entrar a la familia el hijo de otro hombre. (3)
Y aceptar que la mujer pudiera tener derecho al placer, sin procrear, es mucho pedirle a nuestra sociedad, en aquel momento, puesto que estaba regida por principios absolutamente patriarcales. Beatriz Zuluaga es consciente de la condición de la mujer, y al romper con todas las normas sociales, puesto que trabaja en el periódico La Patria, de Manizales, y fue la primera mujer que ingresó a este periódico.
Y nombraba lo innombrable, en sus columnas de opinión, entonces pasa a ser muy criticada por la sociedad, tanto por hombres, como por las mujeres, como ella misma lo reconoce en la entrevista que María Hilda Sánchez Jiménez le hizo a nuestro poeta, el 16 de abril de 2014, la entrevistadora nos
dice que Beatriz abrió caminos en una sociedad, como la de Manizales, que se ha considerado muy conservadora. Beatriz dio pasos enormes para que las mujeres tuviéramos un referente en su poesía, su vida y su obra. (4)
Un ejemplo es el poema del diccionario que cita Águeda Pizarro en su prólogo al libro de poemas: La carne hecha verbo, que le publicó el Museo Rayo, en sus Ediciones Embalaje, en el 2020, cuando Beatriz Zuluaga recibió el título de Almadre en el Encuentro de Poetas colombianas del Museo Rayo. (5). Dice así:
Me atengo al diccionario:
MUJER -persona de sexo femenino-
HOMBRE -criatura racional
del sexo masculino-
Mujer -señora, dama, matrona,
consorte, costilla, esposa
o cónyuge.
El hombre -varón, macho, adulto,
señor, mortal, género humano,
humanidad, especie humana.
¡Qué nobles acepciones!
Y hasta se dice
hombre de estado y letras.
No es prejuicio, no pose feminista,
pero caramba, vaya zape,
qué diccionario
tan lleno de machismo.
En muchos casos se nos tilda de brujas, a aquellas mujeres que por ser distintas, intuitivas y sabias, han sido perseguidas con rabia desde el siglo XVI hasta hoy, cuando se muestran como mujeres con carácter, independientes, dueñas de su vida y sus ideas y, ajenas a los canones. Mujeres, en fin, que hablan claro, francas y tercas, insubordinadas, indómitas, temidas y marginadas, hasta por las que se
benefician de su terquedad, viven perturbando y volviendo trizas lo construido socialmente.
La narración de Beatriz, en primera persona, en el poema, utilizando palabras simbólicas que, con su ironía, pueden demoler y acabar con lo establecido por el orden patriarcal. Por ejemplo, este poema:
La leona dormida
La pasión
como un largo salón
donde baila la fiebre
prendida a las caderas.
La mujer inmóvil
sin que la música la atrape
desde la raíz de sus pasos
hasta el territorio de su carne.
Leona dormida
desasida del fuego,
todavía inviolado
el cristal de su sexo.
No sabe aún
que no sobra la piel
y que el tiempo como Eros
es ciego e implacable. (6)
O el final del poema: No puedo traicionar la tristeza. Sentimiento que marca toda la vida de nuestra poeta.
Ahora la tristeza
desafía
la sonrisa
porque la muerte entró,
sin preguntar la hora
y de un tajo nos bajó el corazón.
No me pidas que llegue sin recuerdos,
esta noche de alocada luna
no estoy para el amor. (7)
Es la condición humana, con sus vacíos, sus recuerdos, sus anhelos quizá utópicos, que se traslada al lenguaje de una mujer, al desdoblarse en subversiva, revolucionaria, dinámica y auto reflexiva. Al solicitarle al lector, en este caso a su pareja, que no le pida que llegue sin recuerdo, o sea, virgen,
y que esta noche de alocada luna, no está para el amor. Esta mujer toma la decisión si desea o no hacer el amor, algo para ese momento, era insólito.
En el fragmento del poema: La carne hecha verbo, que leeré, podemos entender todo el poder de sus palabras, para despertar a la mujer y hacerla consciente de su capacidad de amar y de tejer un cuerpo nuevo cada vez que haga el amor, reinventar el deseo, la piel, la carne que se ha hecho verbo, o sea que se escribe y reescribe en cada intento.
Nosotros entre tanto
estaremos levantando un mundo tejido de besos,
bebiendo bocanadas tú mi azúcar,
yo tu sal,
para después en la húmeda playa del placer
reinventar el deseo,
porque siempre habrá una piel nueva,
otra saliva dulce para beber los labios
y la verdad de la carne hecha verbo
en la palabra amor.
Estas palabras nacen de una mujer que supuestamente fue educada para ser pasiva y sumisa, pero su carga erótica sube de tono el poema, puesto que ella es la que toma la iniciativa y beberá de la sal y de toda la dulzura del hombre, que se resume en la palabra “Amor”.
Su lenguaje es el de todos los días, el de la vida cotidiana de una mujer, es lo que la poeta nos expresa con una claridad total, sin subterfugios, ni máscaras, tal cual era la personalidad de Beatriz Zuluaga. En algún momento hizo parte del Movimiento Nadaístas, pero ella dice que no fue por mucho tiempo, y su participación era por los laditos. Ya no tenía cara para el Nadaísmo. (8). Igual en toda su poesía se revela contra el sistema, trata de cambiarlo, se burla de él y de lo que la rodea. Nombrar el cuerpo para una
mujer, era impensable, totalmente revolucionario. En el poema:
Si preguntan por mí
…diles que salí definitivamente /
a dar la cara sin pinturas y sin trajes en el cuerpo.
Si preguntan por mí…
Diles que apagué el fuego,
dejé la olla limpia y desnuda la cama,
me cansé de esperar la esperanza
y fui a buscarla.
La gran verdad que se revela en la poesía de Beatriz nos lleva a concluir que el cuerpo de la Mujer no es propiedad del hombre. Lo cual crea una conmoción y resonancia de todo orden en nuestro medio. Según Martín Heidegger, en su libro Arte y poesía, del Fondo de Cultura Económica, México, 1973. El arte de poner en obra la verdad, es Poesía. Entonces, el poema se hace morada de la verdad del ente. La esencia de la poesía es la instauración de la verdad. Puesto que, al poner en la obra, la verdad, impulsa lo extraordinario, lo inusual, y expulsa lo habitual, lo que todo el mundo repite y conoce. (9)
La poesía de Beatriz instaura el sentido de la Provocación, de la lucha de nuestra poeta por la verdad, por acabar con la doble moral del orden patriarcal. Estos poemas hacen historia, al contemplar en ellos la verdad de la Mujer, la cual nunca se había querido admitir. La verdad que nutre la poesía de Beatriz Zuluaga, al sacar a la luz lo oculto, la falsa moral del orden patriarcal, se hace objetiva al partir de su vivencia personal.
Hölderlin expresa sobre el lenguaje: Y por eso ha recibido el libre albedrío, un poder superior para realizar y ordenar una tarea semejante a los dioses y diosas, el más peligroso de los bienes, el Lenguaje, para que con él cree y destruya, se hunda y regrese a la eternamente viva, a la maestra y madre, para que muestre lo que es y lo que ha heredado y aprendido de ella, lo que tiene de divino, el amor que todo lo alcanza. (10)
Es la libertad de Beatriz Zuluaga, como creadora, la que da testimonio de una realidad común a todas las mujeres del país y que acontece al igual que su propia historia. Ella, sin máscara, ni ropaje, como ya lo dijimos, cuenta una historia de dolor y de desarraigo, es la Otra historia que siempre se oculta, en una mujer. Por tanto, toda la obra de nuestra poeta se constituye en un gran peligro, cuántas mujeres al leerla comprenderán su nueva dimensión y se revelarán contra el orden establecido, desearán gozar y ser ellas mismas, en su relación afectiva, y no un objeto para el simple goce masculino.
Nos dice Robert Graves, en su libro: La diosa blanca, que la Luna Nueva es la diosa blanca del nacimiento y del crecimiento. La poesía comenzó en la era Matrilineal y obtiene su magia de la Luna, no del Sol. La diosa blanca es considerada la fuente de la verdad y ha sido representada por una mujer
desnuda, una mujer despojada de todo vestido y adorno. La diosa blanca es antidoméstica, es “la otra mujer”, la perpetua, la que no muere. Ella llegaría a los extremos del suicidio, dice Robert Graves, si incurriera en la simple domesticidad, la cual acecha el corazón de la diosa. (11).
Entonces la poesía es la obra más peligrosa y a la vez, la más inocente de las ocupaciones. (12).
En Beatriz el Lenguaje es el más peligroso de los bienes, puesto que a ella se le REVELA esa realidad que siempre se ha tratado de ocultar, para mantener a la mujer conforme con el lugar que ocupa en la sociedad. Y lo duro para la mujer ha sido vivir bajo el yugo de una verdad que no es la suya, ha sido la del varón, quien para su propio bienestar y satisfacción ha pretendido mantenerla allí, controlando todos sus movimientos. Cosa que jamás ocurrirá con Beatriz Zuluaga, y para constatarlo escuchen este poema:
Habitación propia
Mi casa soy yo misma
con su cuarto de recibo: El alma.
A nadie le doy la llave porque es tan pequeña
que apenas hay espacio
para uno que otro sueño.
A veces quiero ampliarla
y salgo a pasear fuera de ella.
No es mucho lo que puedo recoger
para llevar conmigo: Uno que otro abrazo,
una leve caricia, en cambio muchas lágrimas
y un miedo terrible
de ver asesinar los ruiseñores
desde todas las esquinas de la muerte. (13)
Su casa es ella misma, con su cuarto de recibo, el alma. Beatriz encontró su esencia, el lenguaje. Utilizando el título del ensayo de Virginia Woolf, que proviene de la idea de que una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas. Sus palabras son esenciales, en su sencillez, toma lo redundante y lo que puede ser un espejismo para la mujer, y lo desecha, puesto que su palabra es honesta y directa, por eso hace historia. Y como dice Hölderlin, lo permanente lo instauran los poetas. (14)
Su poesía es el fundamento que soporta nuestra historia, y no es una expresión de nuestra cultura o del alma de nuestro medio social. Esta poesía hace posible ese otro lenguaje, el nunca antes dicho, las verdades y contradicciones de la cuales nuestra poeta nos hace conscientes.
Ella pone audazmente, lo que ha vivido y sentido, en sus palabras y predecirá lo todavía no cumplido, lo inédito, lo que solo, luego de un tiempo, se hará una realidad en las mujeres colombianas.
Nos dice Heidegger: El lenguaje es la casa del ser. (15). En su morada habita Beatriz Zuluaga. Los pensadores y poetas son los guardianes de su morada. Allí llevan su alma y su espíritu y los custodian, a través del lenguaje.
Introspección
Vivir viviendo en mí,
extraña alianza
que muchos no comprenden
y que tú, celoso, indagas
como si yo misma
me devorase. (16)
Al final del poema: Si preguntan por mí:
Si preguntan por mí…
Diles que salí a cobrar la deuda
que tenían conmigo el amor,
el fuego, el pan, la sábana y el vino,
que eché llave a la puerta
y no regreso.
¡Definitivamente diles
que me mudé de casa!
En el fondo de este poema está todo el inconformismo de Beatriz con el sistema, con la vida, con no haber logrado su propósito. Al cambiar de casa, ella se va a vivir al lenguaje, casa que arma y desarma a su acomodo. Donde no hay sino sus propias normas, es la habitación donde se recluye a crear y no tiene espacio para nadie más. Le echó llave a la puerta, clausuró esa casa social, la que le entregaron cuando nació, la de las expectativas ficticias, la que no le corresponde, la que no estaba hecha a su medida.
Para finalizar leeré el poema que responde al gran amor de la vida de Beatriz Zuluaga, el escritor Omar Morales Benítez, quien también la amó durante los 47 años que duraron casados, y que hoy día, luego de varios meses de su muerte, sigue inconsolable, porque según las palabras de nuestra poeta,
crearon una simbiosis, almas que se unieron en la pasión y en su amor a la palabra y a la escritura, puesto que la relación de pareja debe tener muchos asideros.
Te amo por lo que eres
Te amo no sólo por lo que eres,
sino por lo que soy
cuando estoy contigo.
Anónimo
Mi hombro, palomar
para tu arrullo,
una voz, una plegaria de la sangre
y tú brujo del amor llegas
al aquelarre con la pócima
agridulce de los besos,
malabarista para la vibrante
cuerda del amor.
Rito viejo como el tiempo,
como el mundo,
pero siempre deslumbrante
en la palabra cuando dices:
hágase la luz
y yo inauguro el sol
en mitad de mi sexo
y me decido a reinventar el mundo
lo que es más: a desafiar la muerte.
Te amo por lo que eres,
me amo por lo que soy
cuando estoy contigo.
Tristeza con ritmo de salsa
Ven, pon ese disco.
Ponle ritmo a esta tristeza
que no sé de dónde viene ni a dónde va,
pero está conmigo.
Has el milagro, vamos, sorpréndeme con el asombro
de convertir en rojo esta pereza
blanca y quieta.
Prepárame la orgía de la carne
donde pueda sepultar el alma
y ser así solo una inmensa extensión de piernas,
brazos, labios para perderme en ti
en una regresión primaria sin regreso.
Porque más que volver a vestir mi vestido
detesto volver a usar la angustia,
calzar con mis zapatos el principio
de realidad sin fin que castra, amputa.
Hilo infinito, cordón umbilical que me amarra
al vientre tembloroso del desastre.
Pero tú, yo, esta tenue ligazón de la sangre, el placer
que nos parece ser la fuerza rescatante de la vida,
sólo es eso…
una tenue, templada cuerda que de pronto
ha de romperse, así, de pronto,
simple y absurdamente.
Porque la vida amigo, amor, amante, hermano,
no está en tus manos ni en las mías
sino en el dedo de un todopoderoso
que ni siquiera es Dios. Tú entiendes.
¡Por eso, vamos!, pon ese disco
penétrame rompe mi resistencia
con la magia de un Benny Moré
con la salsa ensalzada de ritmo y olvidemos.
Hay tanto dolor y tanta angustia
que el amor, nuestro amor
parece ser más que la resurrección de la carne
un funeral anticipado.
Ven, pon ese disco y olvidemos.
Guiomar Cuesta Escobar
Poeta y Miembro de Número
de la Academia Colombiana de la Lengua
Villa de Leyva, sábado 26 de octubre de 2024
Bibliografía
- Diosas en bronce. Teresa Rozo Moorhouse. Editorial Latidos. Bogotá, 1995.
- Poesía Colombiana del Siglo XX escrita por Mujeres. Poetas nacidas hasta 1949. Tomo 1. Estudio y Selección Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano. Apidama Ediciones. Bogotá, 2013.
- Dos periódicos colombianos y la imagen de la Conferencia del Año Internacional de la Mujer. Tesis de grado. Guiomar Cuesta Escobar. Facultad de Comunicación Social. Universidad Javeriana. Bogotá, mayo de 1977.
- Entrevista a Beatriz Zuluaga. Por María Hilda Sánchez Jiménez. Abril 16 de 2014.
- La carne hecha verbo. Beatriz Zuluaga. Almadre. Prólogo de Águeda Pizarro. Ediciones Embalaje. Museo Rayo. Roldanillo, Valle del Cauca, julio de 2020.
- A corazón abierto. Beatriz Zuluaga. Apidama Ediciones. Bogotá, 2004. Pág. 32.
- Ibidem. Pág. 17.
- Entrevista a Beatriz Zuluaga. Por María Hilda Sánchez Jiménez. Abril 16 de 2014.
- Arte y poesía. Martín Heidegger. Breviarios. Fondo de Cultura Económica. México, 1973. Pág. 114.
- Ibidem. Pág. 130.
- La diosa blanca. Robert Graves. Alianza Editorial. Madrid, 1993. Pág. 610.
- Arte y poesía. Martín Heidegger. Breviarios. Fondo de Cultura Económica. México, 1973. Pág. 140.
- A corazón abierto. Beatriz Zuluaga. Apidama Ediciones. Bogotá, 2004. Pág. 14.
- Arte y poesía. Martín Heidegger. Breviarios. Fondo de Cultura Económica. México, 1973. Pág. 137.
- Carta sobre el humanismo. Alianza Editorial. Madrid, 2000. chrome extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.ucm.es/data/cont/docs/241
2015-06-16-Carta%20sobre%20el%20humanismo.pdf - A corazón abierto. Beatriz Zuluaga. Apidama Ediciones. Bogotá, 2004. Pág. 22.