Nació en El Salvador el 22 de febrero de 1899. Fueron sus padres Paulino Gamboa Herrera, (hermano de Isaías), y Delfina Carballo. Su familia, liberal anticlerical fue perseguida durante la Guerra de los Mil días y por esta razón en 1885, los hermanos Antonio y Paulino se radicaron en El Salvador. Paulino se casó con Delfina Carballo, Francisco Antonio publicó una Gramática práctica de la Lengua Castellana. Terminada la guerra, en 1910, su padre regresó a Cali, su tierra natal en compañía de su esposa y de sus hijos. Fue una larga travesía para la gran familia, por barco hasta el Puerto de Buenaventura en el Pacífico Colombiano, y luego en mula hasta Cali.
Sus tíos, Isaías Gamboa y Francisco Antonio Gamboa fueron los primeros estandartes de un linaje poético de más de 30 poetas, escritores y educadores. El escritor colombiano, Vicente Pérez Silva, realizó un trabajo de recopilación de esta herencia poética familiar, en su libro Los Gamboa: Una dinastía de Poetas, de la cual tomo los datos de esta biografía. Margarita viajó por diferentes ciudades del país y por Europa, en Estocolmo escribió en 1955, Quiero morir alegre. En París escribió en 1960, poemas dedicados a Mireya y a Ángela. Viajó por Europa y Estados Unidos, donde escribió muchos de sus poemas, dio recitales en Cali y sus alrededores, mientras en Colombia las mujeres tejían y estaban sometidas al dominio de sus padres, hermanos y esposos, y no habían adquirido aun los derechos civiles ni políticos.
Margarita maneja el poema con un perfecto dominio del lenguaje. Combina su intencionalidad poética y erótica, con el más directo y exquisito uso del idioma. Apela a la sensualidad con tal refinamiento y modernidad en el empleo de las palabras, que parecería una mujer nacida a finales del Siglo XX y principios del XXI, donde nosotras, ya dueñas de nosotras mismas y empoderadas de nuestro cuerpo, talante y talento, expresamos sin temores ni tapujos, toda nuestra sensibilidad erótica y somos capaces de hacerle las más bellas confesiones a nuestro amante.
Realizadas las primeras letras, Margarita fue matriculada en la Normal de Cali, en donde se distinguió por su inteligencia y dedicación al estudio; allí obtuvo el grado de Institutora Superior. En el campo de la docencia fue Profesora de Castellano, materia que aprendió en la famosa gramática de su tío y educador de renombre Francisco Antonio Gamboa. Durante muchos años fue una de las mujeres más influyentes en el desarrollo social, político e intelectual en Santiago de Cali. En su columna Reportaje Relámpago que escribió el periodista Jaime Correa López, para el diario Occidente de la ciudad de Cali, le dedicó el 31 de marzo de 1988 las siguientes palabras en un escrito que evoca su vida, su obra y su legado familiar:
Transmitió sus conocimientos, en el área escolar, a muchas damas sobresalientes en una sociedad en desarrollo. Con María Perlaza, Ana de Domínguez y Bernabé Zapata fue una de las profesoras fundadoras del Liceo Benalcázar, de sólido prestigio docente. Como poeta de renombre recorrió Suramérica ofreciendo recitales. Por los intelectuales de su generación fue calificada como “mujer de avanzada”, equivalente a una primera apertura hacia la liberación femenina, pero sin abandono de la dignidad y las buenas costumbres.
A propósito, en el año de 1935, cuando en nuestro país la mujer permanecía en un estado de aislamiento y padecía aberrantes discriminaciones, en la emisora La Voz del Valle, Margarita Gamboa fundó y dirigió La hora Femenina. Sus orientaciones, inquietudes y enseñanzas, así consta en diversas publicaciones periódicas, llegaron a todos los hogares de la comarca vallecaucana, en forma sencilla y convincente. Luchando contra un medio complejo y en algunos momentos hostil, procuró la transformación de la mentalidad femenina; encaminó la actividad de la mujer por senderos de una más decidida participación en la vida pública, y agitó ideas que la condujeran a la reivindicación de sus derechos.
Margarita Gamboa había nacido poeta. Sabemos que en su adolescencia susurró tiernos cantos de amor y se reveló como una poeta de las más finas calidades. Desde entonces se destacó como una de las poetas de vanguardia. Aún más, alguien escribió: Imprime a sus versos todo el fervor de la vida y todo el arrebato de la pasión y de espiritualidad que rozan los sentidos con sus labios febricitantes, con sed de ilusión y de armonía.
En el número 12 del año III, la Revista mensual ilustrada Ariel, publicada en enero de 1923, en Guayaquil, Ecuador, y dirigida por el escritor e historiador Benigno Checa Drouet, aparece un evocativo artículo sobre Margarita escrito por Paul D’Isnard, en el cual comenta entusiasmado:
Sus versos –primoroso enjambre de impresentidas ternuras– nos dicen de su delicado sentimentalismo y de su perfecto dominio del arte magno. Ella no necesita del abejorrado collar de la métrica clasicista, vierte a raudales la delicada armonía de su inspiración inagotable en las estrofas libres, como las alas de un ruiseñor, que se extienden y se elevan a los sidéreos ámbitos ilímites, en una exaltación de omnipotente grandeza.
Además, Margarita Gamboa sobresalió en el difícil arte de la declamación. Quienes tuvieron la satisfacción de escucharla están acordes al decir que fue una declamadora admirable y que dio pruebas palpables de su dicción e interpretación del sentimiento de nuestros más excelsos poetas: José Asunción Silva, Porfirio Barba Jacob, José Eustasio Rivera, Guillermo Valencia, y sus coterráneos Jorge Isaacs, Carlos Villafañe y Ricardo Nieto. En este sentido, son múltiples los comentarios hechos en diversos periódicos y revistas de Cali y de otras ciudades, en donde dejó
oír su voz melodiosa y deleitó a públicos que le tributaron calorosas ovaciones en Armenia, Manizales, Palmira, Tuluá, entre otras.
Margarita Gamboa fue una poeta de alto vuelo, dueña de una esmerada cultura, que siguió la tradición de sus mayores y realizó una ponderada labor en bien de las actividades culturales y de la mujer vallecaucana. Fue objeto, así mismo, de merecidos reconocimientos, aplaudida en muchos auditorios y se le rindieron homenajes dignos de sus quilates intelectuales y de su estirpe. Margarita Gamboa, con un temperamento poético fuerte y decidido, falleció en Santiago de Cali, el 13 de junio de 1991, es decir, cuando le faltaban pocos años para cumplir el centenario de su nacimiento.
De su matrimonio con Elciario Cuevas tuvo cinco hijos: Óscar, Graciela, Mireya, Hugo y Ángela. De su inspiración nos quedan dos libros: Doce poesías, en recuerdo de uno de sus antecesores, su tío Francisco Antonio Gamboa, y Plenitud. Dos libros de poemas líricos con una inestimable capacidad de seducción y belleza. En algunos de sus poemas apreciamos todo el fuego, bajo el lenguaje más refinado de su manifestación erótica.
Margarita Gamboa es junto con Laura Victoria, las precursoras de la poesía erótica en nuestro país. Como lo vamos a ver, con estos nombres amanece en las páginas de la poesía colombiana el erotismo con su más decidida y sublime expresión. De ese erotismo que en las fuentes del amor, nos embriaga y vivifica.
Al igual que Laura Victoria, quien tuvo por amante al Presidente Eduardo Santos, la hija de Margarita Gamboa, en la presentación de nuestra Antología, Poesía Colombiana del siglo XX escrita por Mujeres. Tomo 1, nos leyó un poema, que ella misma presentó como el poema que su mamá le había escrito a su amante, don José Tejada, el padre de Lucy y Hernando Tejada.
Margarita posee, como Laura Victoria, una notable vitalidad y fuerza en su poesía, esto las diferencias completamente de muchas de sus antecesoras, las cuales utilizaban el lenguaje romántico, tranquilo y casto, como se esperaba fuera utilizado por una mujer.
El poema Last-Time, de Margarita Gamboa, es especialmente interesante, se trata de la despedida de quienes fueran dos profundos amantes, todo el poema vibra con su deseo, narra la despedida, paso a paso, con una sencillez y a la vez, con una tremenda elegancia:
nada que nos acerque hacia el instante que en otro tiempo calcinó en nosotros
la carne hecha pasión de nuestros cuerpos.
Luego, vemos en este párrafo, la forma descarnada y hermosa de nombrar su cuerpo, para que su amante, al despedirse, vibrara de pasión, lo incitaba de todas formas al encuentro, cuando dice que estarán quietos, contenidos, nada de besos ni caricias:
No intentarás siquiera, encender con el roce de tus labios, el incendio moreno de mi cuerpo;
ni acariciar galante entre tus manos sedosas y encantadas de caricias,
los pomos de mis senos…
Para los poemas de despedida, que por lo general son dolorosos, desgarrados, llenos de reproches, este poema de Margarita Gamboa, marca un punto muy alto, en el canon poético femenino, puesto que encierra una mordacidad, y una ironía, digna de una poeta de su talla y dimensión.
Last-time
Para sacramentar la última noche,
yo debo estar vestida
de terciopelo negro…
¡Yo ni un beso,
y tú, ni una palabra;
ni una palabra dulce y emotiva
ni un ademán galante!
Nada que diga que en un tiempo fuimos
dos profundos amantes,
que supimos
de la emoción de la caricia intensa
y del hondo deleite
nada que nos acerque hacia el instante
que en otro tiempo calcinó en nosotros
la carne hecha pasión de nuestros cuerpos.
Tú, dirás muy despacio,
yo escucharé en silencio
con las pupilas húmedas del ensueño
rotos por la impiedad de los momentos,
evocaremos nuestro amor,
las ansias locas
de nuestros íntimos anhelos,
los silencios torturadores,
y el volver riente, que tantas veces
condensó en palabras
amorosas la fe de nuestros sueños…
No intentarás siquiera,
encender con el roce de tus labios,
el incendio moreno de mi cuerpo;
ni acariciar galante entre tus manos
sedosas y encantadas de caricias,
los pomos de mis senos…
Tú, de pronto
te erguirás al final de ese momento
y con una impasible y absoluta
serenidad de mármoles antiguos
los dos en pie y en una misma copa
apuraremos con la frase última
el licor del olvido…
Después…
¡tú romperás la copa como un símbolo!
Y, tras el breve
y angustioso final de ese momento,
tú te irás de improviso…
yo quedaré en silencio!
En el poema Íntima, de Margarita Gamboa, existe otro rompimiento, digno de ser tenido en cuenta, primero escribiré el poema, y luego haré hincapié sobre la novedad de su profunda y novedosa filosofía.
Íntima
¡Yo fui un día tu novia!
Bajo el arco de parra
donde tantos secretos
se contaron las almas,
bajo el arco de parra
venturoso y alegre,
murmuraron tus labios
la suprema palabra.
¡Yo fui un día tu novia!
¡Yo fui un día tu amada!
Tú bebiste en mi boca
la exquisita fragancia,
y escanciaste en mis senos
la pasión que te ahogaba.
Tú temblaste en mi carne
toda llena de gracia.
Tú saciaste en mi cuerpo
tus anhelos de grana
y en un éxtasis loco,
me estrechaste en tus brazos,
te fundiste en mi vida,
te filtraste en mi savia…
Era entonces dichosa,
¡era entonces amada!
Y así unidos, felices,
entre sueños de rosas
floreció la esperanza.
¡Qué mimados que fuimos
bajo el arco de parra!
Hoy, también tengo el alma
como entonces de blanca,
hoy, también soy mimada,
hoy, también soy de rosa,
hoy también como entonces
tengo anhelo de besos;
y mi carne palpita,
y mi sangre se enciende,
y mis senos incitan
voluptuosa caricia.
Hoy también soy humana
y ¡estoy llena de gracia!
Pero tú estás muy lejos…
ya muy lejos de mi alma.
Quiero recordar dos poemas muy importantes en el canon poético femenino, que seguramente conoció Margarita, el primero el poema de Sor Juana Inés de la Cruz, nacida en San Miguel de Nepantla, actual México, 1651, muere en Ciudad de México, 1695. Escritora mexicana, la figura más importante de las letras hispanoamericanas del siglo XVII, con su: Redondilla, cuando nos dice:
Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Y viene una poeta muy importante, contemporánea de Margarita Gamboa, Alfonsina Storni, nacida en Argentina, 1892- 1938, con su poema Tú me quieres blanca:
Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
corola cerrada
Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.
Tanto Sor Juana Inés de la Cruz como Alfonsina Storni, le recriminan al hombre el que las deseen castas, puras, cuando ellos no lo son. Margarita se sale de este canon poético, y rompe totalmente con él, al sentirse igual al varón, con los mismos derechos y por tanto, siente su alma limpia y casta. Para ella la pasión no la hace impura, ni siquiera la considera una transgresión. Es tan natural y propia que la lleva en la sangre y la sigue encendiendo como parte de su alma:
Hoy, también tengo el alma
como entonces de blanca,
hoy, también soy mimada,
hoy, también soy de rosa,
hoy también como entonces
tengo anhelo de besos;
y mi carne palpita,
y mi sangre se enciende,
y mis senos incitan
voluptuosa caricia.
Hoy también soy humana
y ¡estoy llena de gracia!
Es su sentimiento de pureza, de dignidad y ante todo, de castidad, se constituye en su gran novedad. Ella no considera que hacer el amor sea un acto indigno para la mujer, ni que la convierta en pecadora ni sea el obstáculo para encontrar otro amor. Pero estos poemas encierran una profunda ironía para su amante, cuando le dice que ella sigue llena de pasión, mimada, y su sangre se enciende y sus senos incitan voluptuosas caricias, en el fondo lo que desea es suscitar los celos de este hombre a quien le dedica el poema. Los dos versos finales resuelven la incógnita, ella se siente “Humana”, y en esta palabra se cifra un hecho muy importante, el que el hombre y la mujer son absolutamente iguales, y ambos por igual tienen derecho a amar, y a amar físicamente, por lo tanto, tienen el mismo derecho a la entrega.
En el poema al cual hace referencia cuando Margarita dice: ¡estoy llena de gracia! Es un poema muy famoso de Amado Nervo: Gratia Plena:
Era llena de gracia, como el Avemaría.
¡Quien la vio, no la pudo ya jamás olvidar!
La primera referencia la hace cuando nos dice: Tú temblaste en mi carne / toda llena de gracia. Este verso procede del inicio del poema, cuando ella se refiere al momento cumbre de su pasión, en la entrega primera. Y nos preguntamos si cuando al final del poema nos repite Hoy también soy humana / y ¡estoy llena de gracia! Primero le recuerda que es tan humana como él, y le lanza la ironía del verso que ya cité de Amado Nervo. Y quizá ésto era lo que deseaba recordarle a su amante, que él jamás podría olvidarla, que su condena sería no poderla olvidar.
Guiomar Cuesta Escobar
Poeta
Miembro de Número de la Academia Colombiana de la Lengua