Matilde Espinosa Biografía

Si hay escritora auténtica, eres tú.
Y a la autenticidad sólo tienen derecho

las personas como tú, ajenas a la farsa literaria, ajenas a la vanidad, ajenas al vano ruido de la lisonja.
Tú no engañas. Eres fiel a ti misma como el cielo es fiel al azul in comparable de su altura.

Rafael Maya

Para hablar de una de las más grandes poetas colombianas me referiré a una mujer del Cauca, la cual marca un hito en la literatura hispanoamericana: Matilde Espinosa. Ella es la poeta más representativa de la realidad colombiana, vivida en el siglo XX. Ella nace en las entrañas de Tierradento, en un pueblo indígena: Huila, en 1910, cerca del río Páez, en el macizo colombiano. La conocí en 1990, cuando la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se dedicó a la Literatura de la Mujer, y yo estaba encargada del Stand y de programación cultural de la Feria. Le iban a hacer un programa en Caracol Radio y ella quiso que yo participara con ella. Desde este momento se sella una amistad que fue entrañable, hasta su muerte en el 2008.

María Josefa Fernández Yaguas, (Chepita) la madre:

Pasó sus primeros 6 años, con su familia, en total aislamiento, porque a su alrededor no tenían personas de su propia cultura. Allí su madre, María Josefa Fernández Yáguas, se desempeñaba como maestra de indígenas, maestra rural. Chepita, como llamaban a su madre, se adelantó a su momento, su padre se opuso a la relación con Luis Espinosa Salazar, quien era músico y guaquero y no tenía dinero. Y tuvo que elegir entre su familia y su marido. Ella se impuso y eligió al que sería su esposo y para poderse casarse buscó trabajo como maestra, y en esta forma sostuvo siempre su hogar.

Chepita, era el corazón y la fuerza de la familia, con un gran don de mando. La figura más importante, y en palabras de Matilde, la mujer más extraordinaria que ella haya conocido. Se encargó de alfabetizar tanto mujeres como hombres. Antes que ella llegara, los sacerdotes franceses solo alfabetizaban a los varones. Chepita enseñaba, bautizaba cuando no había sacerdote, hacía de enfermera y de partera. Mientras su padre, Luis Espinosa, era un soñador, su madre era la más aterrizada y la más realista. Ella le inculca a su hija el amor por la Virgen. Matilde creía en los milagros, como parte de la vida cotidiana. Y tenía un

sentido premonitorio que se inicia cuando a los tres años, le dice a su madre que su papá encontraría una pilota de oro, y dicho y hecho, así fue, anécdota que me contó Matilde, en una de nuestras habituales charlas. Su madre decía: Mi hija es un predestinada. De niña lloraba mucho, tenía un temperamento muy intenso y terriblemente apasionado.

Luis Espinosa Salazar, su padre:

Su padre, Luis Espinosa Salazar, era músico, bohemio y guaquero, encontró piezas que son un prodigio de la orfebrería precolombina, que hoy reposan en el Muso de Oro de Bogotá. Su aporte a la economía del hogar, era muy poca. Cuando iba al pueblo, muchas veces les decía a sus hijos: Les traje una canción que aprendí en el pueblo. Luego se las enseñaba, sin ningún problema. Todos sus hermanos tenían un gran oído, y formaban un hermoso coro.

Las cartas de su tatarabuela, Matilde Céspedes Buendía:

Su tatarabuela se educó en Bogotá, era una artista, tocaba el arpa y tenía una caligrafía exquisita. Chepita conservaba las cartas de su abuela, dentro de una cajita y ésta dentro de un baúl antiguo. Tanto el papel de las cartas era muy fino, como de seda, con una textura que Matilde no ha visto en ningún otro papel. La tinta era color sepia la cual jugaba con la hermosa caligrafía. Para Matilde, en su infancia, esas cartas significaron la belleza de las cosas delicadas, de lo sutil. Era la existencia de un mundo encantado, que en nada se parecía a lo que la rodeaba en Tierradentro. Cuando la mamá de Matilde no estaba, ella sacaba la cajita y leía las cartas, de lo que leía en ellas entendía muy poco, pero se quedaba extasiada con ellas.

El caserío en que nació:

El caserío comprendía una Iglesia, una escuela y una casa cural, y unas pocas casas de los indios, regadas por las montañas. Este caserío era un área inabordable, inalcanzable, tanto que ahí se refugiaban los perseguidos por la justicia. Creció rodeada de la mítica cultura de los indígenas, duendes, lloronas y patasolas, amando su entorno, enamorada de su esencia y de su país.

Todas estas leyendas aprendidas en su niñez, ejercieron sobre ella una enorme influencia, al punto de haber vivido ciertos acontecimientos que la convencieron que existe un mundo más allá de lo real, el cual nos acompaña en forma permanente. Pertenecían a una familia pobre que vivía en un pueblo indígena, y en este entorno se desconocían los estratos y las diferencias sociales. Supo del dolor y de la pobreza de este grupo humano, que marcaría

para siempre su existencia. La impactó, ante todo, la imponencia del paisaje que rodeó su niñez: La montaña, el río, el bosque, su geografía era muy agreste. Muchas de sus primeras palabras fueron en lengua paez o nasa, y el castellano lo aprendió con su familia. Jugaba con hojas, piedras, palos, allí no había juguetes. Con Matilde fueron ocho hermanos, sobrevivieron siete.

La negra Avelina:

Avelina fue otro personaje muy importante en la vida de Matilde, quien le entregó el amor por la gente de piel negra. Estuvo en su casa 24 años. Tenía una voz de contralto bellísima, venía de La Plata, Huila. Avelina tenía un talento especial para el canto y Matilde aprendió de tanto oírla. Tanto Avelina como Matilde eran madres para sus hermanos y suplían todas las necesidades de crianza para ellos. El haber sido madre–niña, le dio a Matilde un gran sentido de la solidaridad, característica que hizo parte siempre de su personalidad. Nos dice Matilde, en el libro: Inocencia ante el fuego, pág. 46, refiriéndose a un pretendiente que tenía en Popayán y que a ella no le interesaba, pero su mamá insistía que le hiciera caso: La que me defendió en ese momento fue Avelina. Le debo tanto a ella, porque fue mi compañía, mi confidente, mi defensora. Y fue mi aliada para que mi mamá no me forzara a casarme con ese señor. José Fernández Amézquita, su abuelo materno:

Su abuelo materno era de Popayán, pero su abuela del departamento del Huila. Este abuelo, José Fernández Amézquita, se escapó de Popayán y se fue al Huila, huyendo de la persecución política, era recalcitrantemente liberal. Abandona a su abuela y se va con la enfermera que atendía a su esposa.

Rafael Espinosa, su abuelo paterno:

Cuando Matilde tenía seis años, cuando se fueron a vivir a Santander de Quilichao, donde vivía su abuelo paterno, Rafael Espinosa, quien era todo un artista, polifacético, un gran músico, compositor, orfebre y pintor. Parecía un hombre del Renacimiento, porque no solo era artista, sino también científico e inventor. Fue él la persona que organizó la Banda Departamental del Valle, en Cali, entre 1897 y 1899. Tocaba toda clase de instrumentos de cuerda y de viento. Y era capaz de arreglar estos instrumentos. Era químico, porque él preparaba los colores con los cuales pintaba. Cuenta Matilde que su abuelo tenía una fragua donde trabajaba el oro. Su taller parecía el atelier de un alquimista, o de un brujo de la Edad Media. También era poeta, escribía con rima y métrica. Era original hasta en su forma de vestir, tenía algo de gitano, vivía en su propio mundo. Y su hijo, Jesús María Espinosa, fue el fundador y director de la Escuela de Bellas Artes de Cali. Luis Carlos Espinosa, otro de

sus hijos, estudió música, viajó a Europa y a los Estados Unidos, becado, y fue del director del Conservatorio Musical de Popayán.

Matilde tuvo dos papás, su padre y su abuelo Rafael. Rafael tuvo siete hijos. El papá de Matilde, Luis, tenía una gran habilidad musical, por eso muchos de los nietos y bisnietos de Rafael, resultaron músicos. El abuelo de Rafael era José María Espinosa, (1796-1883), conocido como «el abanderado de Nariño», fue además de soldado de la independencia, pintor, grabador, miniaturista, caricaturista y autor de una vasta iconografía del Libertador Simón Bolívar y de Francisco de Paula Santander.

SantanderdeQulichao:

Los cinco o seis años que vivió Matilde con su familia en Santander de Qulichao, fueron muy agradables, porque según ella, allí conoció la mejor gente del mundo. Había salido del aislamiento, de la soledad total. Pudo jugar con otros niños como ella, hablaban español y tenían las mismas costumbres. Convivió por primera vez con algunos miembros de su familia. Allí entra a la escuela pública, donde enseñaban las Hermanas de la Caridad, las Vicentinas. Cuando entró a los 6 años, ya sabía leer y escribir de corrido. Chepita le había enseñado, además, sabía las cuatro operaciones aritméticas. Solo hizo hasta quinto de primaria, porque se consideraba que las mujeres no necesitaban estudiar. Le encantaba la historia patria. Matilde tenía una gran voz y una gran disposición para el teatro. La comedia y lo diálogos eran sus predilectos.

Popayán y Efraim Martínez:

Su hermano Jesús María la invita a Popayán, quiere que conozca al pintor Efraín Martínez, artista que ya gozaba de un cierto renombre, puesto que había disfrutado de una beca en España. Regresa a Tierradentro y Efraim le escribe algunas cartas y en una de ellas le propone matrimonio. Y, un tiempo después, Matilde acepta casarse con el pintor, pero su mamá se enferma y deben posponer el matrimonio. Cumple 18 años y fijan la fecha de la boda. Matilde me contaba en una de las tantas conversaciones que sostuvimos durante nuestros 18 años de amistad, que la noche de bodas fue terrible, un verdadero espanto. Ella no sabía nada acerca de la intimidad con un hombre, fue una noche de mucha angustia y de mucho llanto. Con este matrimonio pasó de un paisaje idílico a la peor tormenta, a un drama Kafkiano. El trato que Efraim le dio a Matilde fue horrible, quizá por los maltratos que él recibió de su padre, Ángel Custodio Martínez, un hombre muy rico, quien golpeaba tanto a sus hijos como a sus mujeres, porque tuvo muchas.

A los pocos días de casada la echó de la alcoba matrimonial, no quería que durmiera en la cama con él, por algo que le molestó y que nunca pudo recordar Matilde. Ese día la encerró en un cuarto oscuro, donde guardaba trastos viejos, pasó la noche muerta de pánico, el cual solo se aplacó cuando empezó a amanecer, puesto que podría estirar sus piernas y ver de nuevo la luz.

La Ciudad Luz y su relación con Efraim Martínez:

Un tiempo después viaja en barco desde Buenaventura, con su hermano Jesús María, a París, gracias a una beca que recibieron su hermano y el pintor Efraim Martínez. El viaje en barco fue un suplicio porque estaba embarazada. En París vivió muchas dificultades, y Efraín llega ocho días antes de nacer su hijo. Entonces, comienza a padecer horrores de tal envergadura, me contaba Matilde, que era preferible ni siquiera nombrarlos. Ella pensaba que Martínez no era malo, sino que estaba loco. Allí nacen sus dos hijos, Fernando y Manolo. Los desnudos en la obra de Martínez son en su mayoría de Matilde, quien se convierte en su modelo predilecta, entre 1929 y 1936. Pintó varios murales en Cali y Canto a Popayán, en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, que tiene como fundamento el poema de Guillermo Valencia. También pintó los tres paneles sobre “María”, de Jorge Isaacs, para el Teatro Municipal de Cali. En cuanto a la obra de Efraim, Matilde opina que dominaba la forma y conocía los secretos del color blanco: Era un gran pintor de la luz.

Su educación:

Narraba Matilde que París fue el inicio de su educación, la cual ella misma se proporcionó leyendo, visitando exposiciones, asistiendo a conferencias. Sus tres años de permanencia en París, los disfrutó, fue a la ópera, al ballet, conoció los grandes shows de la Ciudad Luz. Vio bailar a Josephine Baker, que en ese momento era la adoración de los franceses. Fue autodidacta y se fue formando con el transcurrir de su vida y con el contacto con la gente. Matilde tuvo el don de saber escuchar y al mismo tiempo identificarse con el dolor del otro. Los sufrimientos que padeció con Efraim, hacían que ninguna angustia le fuera ajena. Y las historias que escuchaba podía hacerlas suyas y aprender algo más del alma humana.

La lectura fue definitiva para ella, leyó los libros de arte de Efraim Martínez y luego las biografías, hasta llegar a la novela y al teatro. Cuando estuvo casada con Luis Carlos Pérez, también leyó y disfrutó de todos los libros de su gran biblioteca.

Su separación de Efraim Martínez:

Cuando sus hijos tenían seis y siete años, se separa de Efraim, alrededor de 1936, y ella se va a vivir con su familia, que estaba radicada en Cali. Su rompimiento con Martínez se lo debe al gran valor moral de su madre, porque en aquella época, la opción de separarse, a ella le parecía un imposible. Chepita le dijo: Yo no puedo dejar que mi hija siga como está, porque mi hija va a morir loca. Las mujeres, entonces, eran consideradas menores de edad, no podían manejar sus bienes, eran el padre, de sus hermanos, o del esposo. Y Popayán, una ciudad tradicional, por excelencia, donde los principios religiosos dominaban la sociedad, vería en Matilde una de las primeras mujeres capaz de enfrentarse a un desafío de tal magnitud, puesto que el pintor Efraim Martínez era una figura relevante en el campo cultural.

Martínez no se quedó tranquilo y entabló una denuncia de abandono de hogar, quería arrebatarle a sus hijos. Ella viaja a Cali, corría el riesgo de que la llevaran a la Cárcel de La Magdalena en Popayán. En Cali vivió en la casa de sus padres y se refugió en el Consulado de Chile en esta ciudad, donde el Cónsul la ocultó durante varios meses. El Cónsul era un gran ginecólogo y tuvo que operarla, porque Matilde estaba muy enferma. Uno de sus hermanos, Rafael, le buscó un abogado, Luis Carlos Pérez, quien la defendió y la salvó de ir a la cárcel. Pérez se enamora de ella desde el primer momento y la espera durante siete años a que se case por lo civil con él. Puesto que ella estaba casada por lo católico con Efraim Martínez. Matrimonio que se realiza con el auspicio del Ministro de Relaciones Exteriores, Carlos Lozano y Lozano. Matilde y Luis Carlos salieron del país y se casaron en Quito, en 1948. Años después, en 1956, cuando muere el pintor Martínez, Matilde y Luis Carlos se casan por lo católico, el matrimonio civil no tenía ningún valor en nuestro país.

Matilde describe a Luis Carlos Pérez como un humanista convencido. Un hombre de una gran sencillez, era de una modestia y una llaneza encantadoras. Con otras cualidades excepcionales, nunca le descubrió envidia ni egoísmo. Jamás menospreciaba a nadie. Una persona sin ambiciones de dinero, por lo general sus clientes pagaban la mitad para iniciar el proceso, pero olvidaban cancelar el resto de la deuda.

Luis Carlos Pérez (1914- 1998) fue un destacado abogado penalista de la Universidad del Cauca. Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Ocupó la Rectoría de la Universidad Nacional, durante la presidencia del Alfonso López Michelsen. Escribe una obra monumental sobre Derecho Penal, que inicia en 1946, y está constituida por 18 volúmenes. El título: El delito de la propaganda

bélica, le valió en 1951, la Medalla de Oro de la Paz, que le fue entregada en Budapest, Hungría. Militó como Matilde en la izquierda colombiana.

Cali y la lucha de Matilde Espinosa por los Derechos de la Mujer:

Las mujeres en nuestro país han escrito su historia, algunas han defendido sus derechos, rompiendo fuego, y éste es el caso de Matilde Espinosa, quien ha traducido a su lenguaje poético la soledad y las injusticias que no solo son suyas, sino de tantos seres humanos y de tantas mujeres. Es el dolor de su vivencia y la realidad de un país que se ha debatido en medio de la guerra, desde el inicio de su historia.

Aquí no termina la lucha de Matilde Espinosa, fue a raíz de su separación que ella inicia una nueva vida como mujer, se radica en Cali y funda la revista Avanzada Femenina, junto con otras mujeres, como la concejal, Cecilia Muñoz y Carmelina Montaña, se dedica a la tarea de obtener el Derecho al voto para la Mujer. Esta revista la sostienen con donaciones de distintas empresas.

El simple hecho de ser consideradas como ciudadanas. Se encuentra luego con un grupo de camaradas, de mujeres comunistas, Matilde nunca tuvo afiliación a este núcleo político, entonces se une en cuerpo y alma, a la labor emprendida por estas mujeres de luchar por su derecho al voto.

La participación de Matilde Espinosa en el I y II Congreso Femenino en Bogotá:

En la página Web: Agitación Social y Agitación femenina, 1944- 1948. Página 102, encuentro la siguiente cita, la cual nos habla del I Congreso Nacional Femenino, que tuvo lugar del 10 al 12 de febrero de 1939, en Bogotá, cuya finalidad era agrupar a todas las mujeres colombianas y asociaciones femeninas del país, en torno a adquirir la plenitud de sus derechos ciudadanos.

Las líderes de la Unión Femenina de Colombia son: Emilia Helmens, Matilde Espinosa y Ofelia Uribe de Acosta. https://www.ub.edu/SIMS/pdf/HistoriaGenero/HistoriaGenero-06.pdf

En la Revista Otra mirada. Vol. 1. No. 1, junio de 2001, página 114: El II Congreso Femenino, se inauguró el 23 de mayo de 1946 reclamando al gobierno el cumplimiento de la Carta de Naciones Unidas, sobre el reconocimiento de los derechos de las mujeres, en un momento en que se sucedían sin éxito en las Cámaras los proyectos de ley del voto femenino. Como en el anterior Congreso, la participación fue amplia y diversa: Había una delegada con voto por cada cincuenta afiliadas a grupos y sindicatos, pero no tenían voto las participantes de otras instituciones. Otra de las

participantes, Matilde Espinosa, insistió en la relación de las mujeres con la paz, la vida, la maternidad y los hijos, insistiendo en que los fines que las mujeres perseguían en la política estaban encaminados a la transformación social: Si la mujer aspira a ocupar puestos de responsabilidad en el gobierno, es para trabajar en favor del mejoramiento de las clases sociales menos protegidas por la fortuna; es, mejor dicho, para hacer una verdadera labor revolucionaria https://www.redalyc.org/pdf/183/18310111.pdf

Como podemos ver en la anterior cita, Matilde Espinosa se involucró completamente en su lucha con las Sufragistas, y la defensa de la Mujer de las clases menos favorecidas, al igual que la participación femenina en cargos de responsabilidad en el gobierno. Al asistir al I y II Congreso Femenino, participando en él como oradora, algo inimaginable en este momento para la mayoría de las mujeres. Este es el papel de líder, de mujer de avanzada que lo correspondió a nuestra querida poeta, quien nunca dejó de luchar por el bienestar de la mujer, ya sea con su discurso en plaza pública, donde levantó su voz para defender el bienestar y la integración de la mujer como ciudadana de primer nivel, a la sociedad colombiana. Como el haber creado un medio de comunicación propio, el periódico Avanzada femenina, no hace sino enseñarnos cómo su difícil experiencia personal la preparó para luchar por aquellas que no pueden lograr su independencia y dejar el lastre de un mal matrimonio.

Matilde Espinosa y la izquierda colombiana:

El encuentro de Matilde Espinosa con un grupo de camaradas, de mujeres comunistas, como ya lo había dicho, se une en cuerpo y alma a la lucha que ellas habían emprendido. Formó un bloque con Mercedes Abadía y Carmelita Montes, organizaban y sostenían huelgas. Ayudaban a los movimientos sindicales. Sus hermanos nunca le reprocharon por haberse convertido en una comunista. Chepita comprendió siempre estas ideas de su hija. Abrió, según palabras de Matilde, todas compuertas para entenderla.

En 1941, cuando tenía 29 o 30 años, tuvo que viajar a los Estados Unidos, estaba muy enferma. Primero fue a Cuba, donde estuvo por algún tiempo. Conoció a muchos camaradas del Partido Comunista de Cuba. Viajó a Nueva York y a Boston porque necesitaba hacerse una operación muy delicada en la Clínica de los Hermanos Mayo. Estuvo siete meses en Nueva York, en casa de unos puertorriqueños, que la adoptaron como a una hija. Luis Carlos le tramitó el permiso para poder salir del país, porque entonces, las mujeres solo podían salir de Colombia, sin el permiso del marido. Además, logró que se hiciera la

participación de bienes, de una casa que había comprado en Cali, con Efraim Martínez.

En el Partido la llamaban La Camarada Ternura, porque se preocupaba por los camaradas enfermos y por los que no tenían nada para comer. Cuenta Matilde en Inocencia ante el fuego, página 65, que el Partido Comunista era lo que ella necesitaba para darle salida a sus inquietudes sociales. Ella atrajo al Partido Comunista a su esposo Luis Carlos Pérez, a Álvaro Delgado de Popayán y a Manuel Cepeda Vargas.

Cuando se vino a vivir a Bogotá, en 1948, su participación en lucha de las mujeres, fue aún más amplia, porque había un movimiento feminista mucho más organizado. En Bogotá sus amigos eran políticos, personas de izquierda. Comenzó a escribir en el periódico del partido comunista: Voz Proletaria. Ella me contaba que no fue líder, pero sí, una gran agitadora. Era muy convincente como oradora.

Publicación de su primer libro: Los ríos han crecido:

En 1955 publica su primer libro de poemas: Los ríos han crecido. El libro tiene una gran resonancia, hizo su presentación en el Museo Nacional y fue todo un acontecimiento, se llenó hasta quedar mucha gente de pie. Asistieron una gran cantidad de alumnos de la Universidad Nacional. Su poesía simbolizaba, en ese momento, la lucha contra la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla. El periódico El Tiempo le publica un gran reportaje el 2 de agosto de 1955.

En otro reportaje que le hizo el periódico El Tiempo, Matilde Espinosa, cuando publica su segundo libro: Por todos los silencios, en 1958, ella opinaba: El propósito original (de la poesía), debiera ser el de desplazarse del individualismo subjetivo, para toar el fondo de lo verdaderamente humano. Es preciso interpretar, o al menos, pretender hacerlo, las inquietudes que conmueven a las masas de hombres y mujeres, vislumbrar su dolor antes que el nuestro, demostrar que su búsqueda de libertad es una aspiración compartida. El poeta debe convertirse en estímulo de quienes persiguen salir de su postración. En este reportaje Matilde reconoce que, si algún valor tienen sus dos primeros libros, es el que quisieron responder a un clamor colectivo, aproximándose a las realidades dolorosas de nuestro pueblo.

Esta otra opinión consignada en este mismo reportaje, vale la pena destacarla: El grado de desarrollo de una nación no la dan las fábricas ni los caminos, ni el volumen de carga que se aglomera en los muelles, sino el papel que la mujer desempeñe en todos estos procesos. Cuando ella llegue a dominarlos, es porque hay una estimación social por su cooperación, es porque ha dejado de ser un ente en el vacío, para convertirse

en autora de la historia, que deja en limpio la capacidad de la mujer para resolver sus problemas. Ahora es indispensable ampliar este modo de pensar para decir que el grado de civilización se mide por la intensidad del trabajo femenino y por la extensión del mismo en la producción social. Y producción social no solo es el rendimiento de las empresas fabriles, sino el resultado de la investigación, el fomento del espíritu, hasta el cultivo de la poesía.

La visita a la Unión Soviética:

Matilde viaja con Luis Carlos a Europa en 1951. Se demoraron varios meses. Llegaron a Rusia, esta visita de un mes le dejó una muy mala impresión. Se sintió tan mal allí que se enfermó en Moscú. Se enfermó de desconfianza, se sentía vigilada. Además, sentía que la falta de libertad era opresiva. No lograron una sociedad equilibrada y justa. Y la libertad es el atributo más importante para el ser humano. No vio a la gente feliz, los sentía agobiados.

Luego pasaron a Hungría, donde también se sintió muy mal, al ver llorar inconsolablemente a una mujer en una fábrica de chocolates. En Hungría Luis Carlos Pérez fue condecorado con la Medalla de Oro de la Paz, labrada con la paloma de la paz de Picasso. Ese día Matilde cantó para todo el público asistente a este acto, luego un coro de niñas tejió una guirnalda con los pies y se la entregaron como un homenaje.

Sus hijos, Fernando y Manuel José (Manolo) Martínez Espinosa:

Los hijos de Matilde Espinosa, murieron trágicamente, pero los dos recibieron el sello característico de su madre, el cual cada uno reflejó con su estilo de vida. Fernando amo la aventura y defendió su libertad y su abierto sentido de la vida. Muere cuando su automóvil se estrecha contra una tractomula, en la vía que conduce de Tunja a Popayán.

Manolo periodista, ejerció su profesión en Popayán, a través del periódico El Yunque y luego, en el Programa de Radio que tenía el mismo nombre. Combatiente, con el más hondo y arraigado sentido de la justicia, defendió como su madre, a los desvalidos y necesitados. Un sicario lo asesinó a la entrada de su casa, estaba amenazado de muerte por sus denuncias y fuertes críticas. Su entierro marcó un hito en Popayán, porque el pueblo acudió multitudinariamente, para despedirlo y lo lloró como al más entrañable de sus hijos

Matilde Espinosa, la poeta del Gran Cauca

El primer poema de nuestra gran poeta Matilde Espinosa, lo escribe en 1923, cuando ella tenía solo 13 años, lo compuso para Gerardo, el enamorado de su prima Elisa, por encargo de ella.

Matilde Espinosa escribía cartas desde muy joven, con calidad y contenido político. En las charlas que desde 1990 sostuve con ella, un día me precisó que, a los 38 años de edad, en 1953, había vuelto a escribir poesía. Fueron precisamente, las dificultades sociales de Colombia, las que la impulsaron a escribir poesía. Hasta ese momento solo escribía en prosa. Se había recrudecido en el país la lucha entre liberales y conservadores, y un episodio que ocurrió durante la llamada “Violencia”, en los gobiernos de Ospina Pérez y de Laureano Gómez, la motivó a volver a la poesía. También se dio en este momento una intensa persecución a los comunistas.

Solidaria con la lucha de la mujer, del obrero, del indígena, y con una conciencia social auténtica, la cual ha jugado un papel definitivo en toda su obra poética. Encontró un estilo propio, independiente de su época y de su medio social, porque ningún hombre o mujer contemporáneo suyo, escribe con el sentido social de Matilde. Ella es única, nunca utilizó la rima, la cual en aquel momento, junto con los sonetos, eran lo más común como forma de expresión poética. Ningún poeta hombre, en todo el siglo XX, tiene una obra tan sólida y profunda, tan auténtica y tan colombiana, como ella.

Supoesíasealejadelostemas“sensiblesyrepetitivos”quenossuelenadjudicar alasmujeres.Nosededicaahablarsolamentedelamor.Ensuscincoprimeros libros se encuentran las emociones contenidas, durante tantos años, por el sufrimiento de los vagabundos, la guerrilla, los indios, los niños abandonados, el niño ciego, y las madres y mujeres campesinas, en la lucha por su vida y por sus hijos.Su poesía lleva toda nuestra realidad en sus venas. Ella le da un nuevo sentido a nuestra vida y a nuestra historia. No la ignora ni la pasa por alto, la constituye en material poético, por más desgarradora y atroz que nos parezca.

Entonces, escribe ese segundo poema, sobre algo atroz que había ocurrido en un sitio llamado Cañas Gordas, en Antioquia. Un grupo de sicarios, de asesinos, les había sacado los ojos a varios niños, hijos de liberales, los habían dejado ciegos. Luego vino el asesinato en masa de campesinos en los Llanos, y los indios de Tierradentro, que siempre tuvieron tendencias liberales, también fueron perseguidos por los conservadores. Los echaban al Río Páez, también amarrados en cadena. Estos hechos la golpearon a tal punto, que tuvo que escribir para expresar su horror a través de la poesía.

Guillermo Martínez González en el prólogo al libro: Señales en la sombra, que le publicó el Instituto Caro y Cuervo, en el 2006, como el homenaje que le hizo el XIV Festival Internacional de Poesía de Bogotá, cita las siguientes palabras de su abuela: No encontré mayor distancia entre el indio y la bestia de carga, y esto afectó mi sensibilidad para ubicarme en el terreno de los que hoy se llama la protesta, y que en se tradujo en una indescriptible angustia.

Su primer libro: Los ríos han crecido, se publica en 1955, en él aborda la causa de su pueblo, de los seres sencillos y elementales, en un lenguaje cotidiano, fruto de su independencia social y política. Su poesía con un trasfondo social, la elabora con el lenguaje cotidiano, con el cual se adelanta a la antipoesía, cuya esencia es dejar el lenguaje rimbombante y complicado que imperaba en nuestra poesía, y pasar a la expresión sencilla, desprovista de métricas y rima y de cualquier tipo de adorno. Y serán Olga Elena Mattei y María Mercedes Carranza, otras dos grandes poetas colombianas, quienes irrumpen con la antipoesía en nuestro país, con un lenguaje llano y cotidiano. El poema: La señora burguesa, de Olga Elena Mattei, provoca en los años 70 una controversia que fue famosa, porque para muchos este poema no cumplía con los requisitos primordiales para consolidarse como un poema.

Por lo tanto, Matilde se adelantó a este movimiento, cuando analizamos el contenido de El poema, donde ella profundiza sobre la esencia del poema, vemos como se aleja de los parámetros y valores que nuestra sociedad y los poetas de su época le daban a la poesía y con un especial énfasis de distancia de la retórica, para volverse hacia las cosas sencillas y humildes, que en su sencillez encierran la verdadera poesía.

En la entrevista que le publicó el periódico El Tiempo, el 9 de marzo de 2005, a raíz del recital de Matilde en el Museo Nacional de Bogotá, por el Homenaje que se le rendía en el 2° Encuentro de Escritoras, organizado por la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, ella dio este concepto acerca de la poesía: Un pueblo que no sueña, está muerto. La poesía es un nutriente de la fantasía. Sin embargo, tiene un principio de verdad. La poesía es aliento. No puede haber cultura sin poetas.

Matilde Espinosa en su poema: El poema, nos dice:

Para encontrar tu forma / mis manos te buscaron en la tierra / y aprendí que la voz

/ la verdadera voz, / puede ser una rama, / un hilo de agua / o simplemente la ternura humana.

Tu carne no es tan sólo el sueño, / ni de fibra retórica. / Podrías ser el hijo del pescador,

/ la mujer que cose, llora o canta, / de la que alguna vez / se asomó a las estrellas / y sentido / que en el pecho le nacía una rosa.

Tu vienes de las cosas humildes / y en tu afán de llegar / tus pulsos se detienen / en el rostro del mundo.

Puede que tu mensaje sea pequeño / como el aroma del jazmín / como el temblor del árbol / que con sus ramas apacienta los nidos, / o la gota de agua / que se bebió un lucero.

La belleza de este poema, su profunda verdad nos conmueve y asombran las metáforas que salen de la naturaleza, y de los seres humanos más cargados de tragedia y de dolor. Matilde, nuestra sufrida Matilde, quien padeció por años el maltrato de su marido, podía entrar en el dolor del otro o de la otra, para hermanarse con él y hacernos partícipe del mismo.

Cuando Matilde Espinosa al atreverse a mirar en nuestra génesis, nos ofrece la razón de nuestra angustia y de nuestro padecer. (El hombre y lo divino. María Zambrano. Pág. 212.) Esta poesía es revelación y le permite a Matilde decir lo indecible, lo que significó el terror y la sangre derramada del pueblo, durante La Violencia. Y según María Zambrano, la conclusión será siempre la misma, como si dijera: con todo eso que ha ocurrido, por monstruoso que haya sido el crimen, eso es el hombre. Exorcismo piadoso que reintegra al culpable a la humana condición, que hace entrar “lo otro”, en lo uno, es decir en el género humano, en sus entrañas.

(P. 223).

Desnudar las entrañas de Colombia y de nuestra estirpe de violenta, enferma, poesía trágica de alguien, quien, como Matilde, tiene conciencia de su soledad y de la soledad de esos otros, que son nuestros hermanos de sangre, que soy yo también mirándome en sus rostros. Cito fragmentos del poema de Matilde: Ayer no más: ¿Cómo entender / si ayer no más éramos otros / con el mismo rostro y el mismo corazón / que ahora nos dice que nos es mentira / su latido? / Ayer no más, vimos en sueños / nuestra propia huida / sin arribo posible a donde todo es calma / serenidad y olvido.

La unidad alcanzada por nuestra poeta con esos otros, con los que teníamos el mismo rostro y el mismo corazón, se cuestiona si acaso fue mentira ese pálpito de ella, esa revelación que contienen sus poemas, si otros los asesinan, los silencias, como si nada tuvieran que ver con ellos. Y luego, habla de desplazamiento, de la propia huida, que jamás permite llegar a un lugar que le entregue paz y sosiego. La guerra se apoderó de nuestras entrañas.

En este fragmento de su poema: La mendiga, su verdad nos habla muy claro: Esta es la rama virgen / que le nació a la aurora / a la orilla de un puente. / Después, fue tienda triste / regando por el mundo / su floresta de harapos. / Yo vi su vientre / cúpula ambulante, / arrullando el pudor que aún le quedaba. / Andaba dulcemente. /

Tan dulcemente andaba, como si desde siempre / le doliera la sombra… / La mendiga, la hambrienta, / la que proyecta el fruto / aunque no haya verano, / aunque llegue el invierno, / fue mi clausura / para dejar en ella / cuanto queda en el alma de ternura. Del libro: Afuera las estrellas. Pág. 11.

El lector de esta poesía de Matilde Espinosa, se siente a sí mismo respirando una verdad, cae de su mentira, del disfraz con el cual tapamos día a día, nuestra condición de mendigos, ciegos ante nuestra propia realidad. La poeta nos hace entrar en el vínculo de la piedad, la cual, sin destruir las diferencias, crea el equilibrio, nos hace entender esa condición nuestra, de sufrimiento y desamparo, como la de esta mendiga. El poema es también un bálsamo que nos introduce poco a poco, en esa realidad de vivir en las calles y de dar a luz un hijo, en esas condiciones. La belleza conmovedora de este poema, nos deja una huella, como cada poema de Matilde. La posibilidad de ver la difícil condición de esta mujer, lo que a nuestros ojos está oculto, puesto que como el mismo poema lo dice ella la ve con toda la ternura que le queda en el alma. Y según palabras de María Zambrano, la mendiga como ella es una sobreviviente a la destrucción de toda su vida, en manos de Efraim Martínez, y la mendiga en manos del hambre, el frío, el desamparo, la soledad. Y que la mendiga, como ella, pudieron superar la adversidad, entonces, Matilde una libertad imperecedera, a través de ese secreto de su vida.

Es la tragedia que ha asolado a Colombia, tanto en el siglo XX como en el XXI,

y que alienta en su fondo un sueño de libertad aprisionado en la conciencia de Matilde.

Es el humano secreto de la Catharsis de la contemplación. Al sacar de su interior nuestra poeta, los fantasmas de su propia tragedia, al contemplarla en el dolor y la tragedia de esos otros, sus contemporáneos: Las Marías de los campos, La canción del combatiente campesino, Rosa María, la guerrillera, Los indios, los pueblos, Los fusilados, y tantos otros poemas que cantan el dolor del otro, como si lo llevara en la sangre.

En este poema que cito a continuación, de su primer libro: Los ríos han crecido, titulado: Paz, entramos en el hondo significado que esta palabra tiene en el corazón de Matilde:

Mujer / para ti escribo esta palabra. / Como si una semilla tocara otra semilla, / para ti la escribo. / Yo que fuimos siempre. / Desde lejos se oyeron nuestros pasos. / eras la lluvia cayendo sobre el alba / y yo la codiciosa pidiéndole a la estrella / que descendiera a la frente enemiga. / me diste los signos de tus manos / y yo la forma de cultivar la espiga. / Tus plantas me indicaron que la ruta era dura, / y yo ablandé la tierra para el surco y la era. / me diste los leños que encendieron el fuego / y yo la dulce urdimbre para tejer la cuna… / Otras que ya supieron el dolor de perder /

y por las que la tierra levanta en su trance- / combaten con su llanto / la impiedad que deshace las ramas y los nidos. En este gran final del poema podemos constatar lo dicho antes, el valor de la esperanza de verse vivir en la otra, la mujer a la cual le habla, que son todas las mujeres de Colombia y del mundo.

Este es el secreto de Matilde, la paz que le produce entregar su dolor, a través del desamparo de otras que como ella se convierte en espejo. La visión del prójimo es espejo de la vida propia, nos dice María Zambrano, y esa visión es necesaria porque cada uno necesita verse. Y vive en plenitud cuando se mira, no en el espejo muerto que le devuelve la propia imagen, sino cuando se ve vivir en el vivo espejo del semejante. La mujer con la cual Matilde entabla el diálogo en el poema: Paz, es su otra yo, que busca en esta mujer conquistar con ella la paz, puesto que cada una posee y entrega, lo que a la otra le falta. Ella le entrega a Matilde los signos de sus manos y Matilde la forma de cultivar la espiga. Nada más poético y sublime. Exorcizando toda la envidia, los odios y la malevolencia que muchas veces existe en la relación entre mujeres. Elevando hacia un espejo, más allá del tiempo humano, y que se convierte en complicidad, escrito desde ese interior transparente de Matilde, quien no pierde nunca esa inocencia y pureza que signó su infancia y adolescencia. Entonces, la catarsis de la cual hablamos es lograr esa visión y esa palabra que la libera de todas las ataduras, a través de esa otra, puesto que es en ella y por ella, que Matilde alcanza su libertad.

El sujeto del poema creado por Matilde es muy distinto al sujeto que existe en la poesía colombiana. Ella busca la esperanza, en ese trasfondo tan doloroso de este niño, cuya existencia conlleva un sacrificio, es el caso de su poema: El niño que se quedó ciego,

El niño que se quedó ciego

Ya todo será igual, nubes y mariposas,
y el mundo habrá perdido los júbilos de un niño
que hizo revoluciones con los pájaros.

Bajo el párpado inmóvil se agazapó la noche.
Ya todo será igual.

Nunca tuvo la luz mayor tristeza
ni mayor soledad tuvo el color.

Y seguirá en naufragio
la fiesta de las hojas con el viento
y el pueblo de cometas
y los nidos dormidos o deshechos.

Nunca tuvo la luz mayor tristeza
ni mayor soledad tuvo el color.

Hay poemas de Matilde Espinosa que se nos quedan en el alma, que podemos repetir, una y otra vez, es el caso del poema que acabo de citar, donde el ritornello: Nunca tuvo la luz mayor tristeza / ni mayor soledad tuvo el color. Estas dos imágenes se contraponen y se exaltan la una a la otra. Como la luz se adueña de la tristeza y el color de la soledad, hace énfasis en el conocimiento de nuestra Maestra, Matilde Espinosa, del alma humana. Ese algo o esa impronta que lleva nuestra poeta en el alma y en la mente, al estar vuelta hacia ellos. (María Zambrano, pág. 99).

Otro poema de Matilde Espinosa, la gran Maestra de la poesía colombiana, es El agua:

El agua

Doncella de las rocas,
niña sin sombra
entre la yerba verde,
estalactita sorprendida
en las manos oscuras de las grutas,
azahar de la antigua
corona de la tierra,
nodriza del arroz y de las barcas,
peinadora
de musgos y de sauces,
espejo tembloroso
donde el mundo contempla
su rostro innumerable.

Cuando rompes tus venas
en mi cuerpo,
pienso en la sed del mundo,
en su pecho quemado,
y en el duro estandarte
del
sol en los desiertos.

Pienso también,
hermana predilecta del hombre,
que romperás esclusas
para que surja él, como misma,
universal y grávida de cantos,
a inaugurar la libertad del mundo
en
un convite de manteles blancos.

El agua tiene la facultad de disolver, de comunicar, de arrastrar y de purificar. Por eso ese hermoso canto, a uno de los elementos más preciados de la naturaleza, su música nació para vencer, según María Zambrano, el tiempo y la muerte, su seguidora. Pág. 84. La gran revelación que este poema nos entrega se hace nuestra a través de la música. Porque la obra de Matilde es musical por excelencia y viene a darnos este alivio con este poema a la Doncella de las rocas niña sin sombra / entre la yerba verde, sus imágenes son absolutamente originales y con tal sencillez y sonoridad, como lo que es un canto de luz y de esperanza. El final del poema es todo un himno de esperanza que Matilde eleva para desbordase como el océano, a través de su palabra: Pienso también, / hermana predilecta del hombre, / que romperás esclusas / para que surja él, como misma, / universal y grávida de cantos, / a inaugurar la libertad del mundo / en un convite de manteles blancos.

La esperanza latente que vive en toda la poesía de Matilde, que, como en el poema anterior, el agua romperá “cadenas” para surja la libertad del mundo, en un gran banquete que le entregue alimento a todos los seres humanos. Ella se manifiesta en este poema: La esperanza: Ley oculta en los ojos / de los ciegos / serenidad / después de la tormenta / amor en el lecho del mundo / donde los sueños / toman su forma alada / inventan la música del deseo / del delirio, / en la veloz fatiga por alcanzar / “El canto a la alegría”.

Como la poesía de amor es tan exótica en Matilde Espinosa, quiero citar algunos poemas. El primero titula Amor:

Amor

Una palabra, una sola
suspendida en
el aire;
viva en el alba,
agónica en la tarde.

Una sola palabra
en
el secreto corazón
del aire.

Tomado del Libro: Los héroes perdidos. Trilce Editores. Bogotá, 1994. Pág. 51. Ahora, el poema, Para arrullar a un hombre:

Para arrullar a un hombre

Amor, mi dulzura, no te duermas
porque yo estoy despierta,
recuéstate en mi pecho
y éste será tu cuna.

Amor, mi dulzura, no te duermas
porque yo estoy despierta
descansa entre mis brazos
y éstos serán tu cuna.

Amor, mi dulzura, no te duermas
porque yo estoy despierta,
penetra hasta mi alma
y ella será tu cuna.

Si te duermes, no mirarás
mis ojos en tus ojos
y se habrá perdido para siempre
una canción, la canción
para arrullar a un hombre.

Tomado del Libro: El mundo es una calle larga. Ediciones Tercer Mundo. Bogotá, 1976. Pág. 69.

Son verdaderas joyas los poemas de amor de Matilde, el poema: Amor es de tal brevedad, un absoluto milagro que con tan pocas palabras logre expresar tanto y algo tan hermoso. Una sola palabra / en el secreto corazón del aire. El dominio que Matilde tiene del lenguaje y de las imágenes es excepcional, llega a la esencia de la idea y la transmite con la misma naturalidad con la cual describe el dolor del campesino, el indio o de la mujer del pueblo. Ella tiene el don de la poesía

Matilde Espinosa, palabra sin tiempo

La reacción del poeta ante la tragedia de la guerra, es muy antigua, se remonta a la Biblia, por ejemplo, en Isaías 47: 5, sobre las ruinas de Babilonia, por la crueldad usada con los hijos de Israel, el Señor habla así: Tú, ¡oh hija de los caldeos!, infeliz Babilonia, guarda un mudo silencio, y escóndete en las tinieblas, porque ya no te llamarán más la señora de los reinos. Por lo tanto, el silencio es la desaparición, la muerte. Lo que no se nombra no existe. Es la complicidad con el mal, la que

silencia e impide expresar una verdad, una realidad que al verbalizarse permite ser exorcizada y liberarse de ella.

Leemos en Job 4: 1-2: Entonces Elifaz de Temán, rompiendo el silencio, dijo: Si empezamos a razonar contigo, quizá no te gustará lo que diremos; pero, ¿quién podrá contener las palabras que ahora vienen a la boca?

Matilde se cuestiona acerca de la muerte que se tomó al país, desde hace ya tanto tiempo y en el poema ¿Dónde estarán?, nos recuerda: Y cómo hemos de entender / esto que el hombre llama muerte: / pequeño tramo, / o campo abierto… / Nos arrimamos al recuerdo / y a la orfandad de las palabras / buscando rastros en las cosas… / Todos llevamos nuestra muerte / como el vestido de fiesta, / sin conocidos, sin encuentros / y con la angustia de estar solos. (2)

En el poema Los Héroes Perdidos, nuestra poeta, habla de cada campesino, hijo, padre o hermano, desaparecido o muerto en Colombia: Cada brazo de tierra / con su vivienda sola, / donde sufre la sangre silenciada, / me ciñe a la figura / de los héroes anónimos… / Aunque nunca regresen sus acentos, / su corazón y su latido, / es presencia constante, / y tambor bajo el cielo. (3)

Matilde nos abruma en su poema Las Ciudades, con este verso magistral:

¿Cuántos héroes sembrados en olvido / sienten este correr de tiempo desbordado? (4) Tiempo que se desbordó en su palabra frente a la complicidad del silencio, y se cierra a las promesas y a las posibilidades, y en su poema Habla el secreto, nos lo reitera: ¿Será que me traiciona el aire, / el gesto, el girar de la tierra / bañada por el incesante gotear del corazón del mundo? /…y camino la montaña en su duelo / de sombras y de sangre. / Me cierro a las promesas / y cuando la palabra vuela / en busca de un espacio / le recuerdo su “condena a muerte”. (5)

La historia se remonta a los quechuas, cuando las Princesas Incas (las Nustas), nos expresan su dolor ante la muerte de Atahualpa a manos de Pizarro, en 1553. El poema se titula: El llanto de las Nustas: Lloramos / lágrimas de sangre; lloramos / desesperadamente, a gritos; / lloramos, que el sol para siempre / la luz de sus ojos quitó.

En La Divina Comedia, en los Cantos del Infierno, especialmente en el Círculo Séptimo de la violencia, cuyo guardián es el Minotauro, Dante nos dice: Mas ve en el valle, que la cuesta toca / ese río de sangre en que se anega / la violencia que de otro el mal provoca. Versos 1512 al 1514. (6)

Violencia tan antigua y dolorosa que Matilde Espinosa la descifra en el poema, La ciudad entra en la noche: No es el diluvio / ni el naufragio que espanta; / es algo más profundo / es el duelo palpitando / sobre la carne viva / pobre el juguete muerto

/ del niño que indaga / la soledad del mundo. (7)

Esta voz de Matilde se convierte en palabra sin tiempo y consciente de que la patria es algo que se hace constantemente y que se conserva solo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o la abandona, la pierde…, como muy bien lo expresó el gran poeta Antonio Machado. Entonces, Matilde, no puede deponer sus armas de lucha, ni odiar a su país, y toma esa otra arma, la poesía, para reconstruir a Colombia de las cenizas. Epifanía del dolor, ese otro símbolo implícito del poder de exorcismo que posee la poesía de Matilde Espinosa.

Pero es al leer la obra de la gran poeta rusa, Anna Ajmátova, 1889-1963, donde entendemos el gran sentido de patria y de pertenencia de estas dos mujeres, a Rusia y a Colombia. Los poemas de Anna eran leídos en los templos de la contracultura, como hoy día se lee en nuestro país la poesía de las mujeres, puesto que un velo se tiende sobre la obra total de las poetas colombianas. Anna de todas las Rusias, la famosa emperatriz errante, que estuvo casi 30 años a la deriva, exiliada dentro de su propia patria. (8). Durante muchos años Anna fue silenciada por el régimen soviético. Sus poemas se prohibieron, fue acusada de traición y deportada. (9)

El poema Coraje de Anna Ajmátova, fue leído por medio Ejército Rojo, corrió de boca en boca, igual que un himno, fue publicado en 1942. (10) Sabemos bien lo que se está jugando, / lo que sucede en este mismo instante: / nuestros relojes dan la hora del coraje, / y el coraje no nos va a abandonar.

Así mismo, la voz de Matilde Espinosa subversiva y adelantada, vaticinadora del futuro de su país y de su entorno social, por ello sobrevivirá al olvido. Ella, como Anna Ajmátova, forma parte de la constelación mayor de la poesía de todos los tiempos. El libro Réquiem (1935-1940) es una de sus obras más conocidas de Ajmátova, en ella refleja el dolor y el amor de una madre. Durante las largas colas de espera para poder ver a su hijo en la cárcel, oye las historias de las demás mujeres. Así como Matilde Espinosa lo vive y lo siente en su poema Sigo preguntando:

Pienso en el dolor de otras mujeres / de otras madres, / oyéndolas me escucho. / Me llamo con sus nombres / y con los nombres de sus hijos / llamo los míos. / ¿En qué patria / en qué sueño? / Y sigo preguntando / si preguntar es algo redivivo / pegado a nuestra sombra: / corazón, llanto, bandera / cubriendo soledades. (11)

Matilde, es por encima de todo, Mujer Coraje, sufre la muerte de sus hijos Fernando y Manolo Martínez, en Popayán, este último en manos de un sicario, y lo registra en su poema Nube blanca: Por qué te adelantaste / hijo mío, a mi paso final, / quizá ignorabas que este dolor / no tiene semejante / ni cabe en las palabras…/ La soledad partera de la muerte / debió apagar las pupilas plenas de soles / y cielos errabundos. / Debió cerrarte las pupilas / que me siguen buscando / en este laberinto donde acuno / tu sombra. / En la nube más blanca / te devuelvo a la infancia / y te sigo esperando. (12)

Es en la sencillez y la diafanidad del lenguaje utilizado por Matilde Espinosa, donde descubrimos la autenticidad de su Compromiso, como todos los grandes poetas del mundo, han hecho con su tiempo y su país. El cual vemos muy claro en su poema Tu nombre: Donde pueda / escribiré tu nombre / tierra amada / jugando a ser eterna. / Escribiré tu nombre / para nunca olvidar / la letra grande / la que empieza a ceder / cuando la lluvia barre / las noticias donde se agota / el llanto por tus muertos y los míos. / Tierra amada: Nos ahoga / y el huracán se complace en

/ repartirla…/ El trueno siniestro /nos conturba y nos duele / amada tierra mía.

(13)

El dolor de Matilde por esos seres queridos perdidos durante esta guerra absurda en que se debate Colombia, no la detuvo ni le impidió renovar cada día, su fuerza y su valor, para hacerle frente con la verdad, a este silencio cómplice y asesino, a esta indiferencia general que se apoderó de Colombia, anestesiada ante el alud de tanta muerte y miseria.

Su poema Las Madres, es una esperanza que se cifra en este ser dador de la vida, por excelencia: Si hay canción / y las palabras suenan a eternidad / golpeando los párpados de un dios, / si la voz y la ternura / cubren con su calor toda la tierra, / son ellas creando con música celeste / el amor sobre un pequeño rostro. / En la bruma / o en la hora fulgente / navegaron sus sueños / para hacer más profunda / la primera canción. (14).

Algo muy profundo se remueve, como en el poema de Miguel Hernández: Sino Sangriento, cuando se vio envuelto en la guerra civil española: Me veo de repente

/ envuelto en coléricos raudales, / y nado contra todos desesperadamente, / como contra un fatal torrente de puñales… (15).

De la misma forma, al descender al dolor más agudo, al martirio, a la desesperación total, surge el milagro de la poesía, y Matilde nos entrega un nuevo aliento, al reivindicar con la luz de otra aurora, la vida que renace. Ella sobrevivió a la muerte de sus dos hijos, a la de su esposo, Luís Carlos Pérez y a una operación a corazón abierto, acerca de la cual se manifiesta en el poema,

Corazón Abierto: Los remos de la noche / deslizaron mi sangre / a la gota incesante

/ que hace soñar al mundo. / No hay rojez semejante. / Si el caudal se desborda / se enloquece la sombra / y bosteza el abismo. (16).

En su compromiso de señalar, de identificar la llaga, la crueldad, ella nos marca con una huella indeleble. cuando en el poema Despojo nos dice: No busco pañuelo

/ para llorar / simplemente / me acerco a las mujeres / que inventaron el tiempo / tejiendo coronas / para los hijos muertos. / La pena / les hizo el mundo oscuro, / no volvieron a entender / sus sueños / ni los secretos de la primavera…/ Nada pudo el salterio / de las antiguas voces. (17)

La guerra, que por lo general no deja ideas nuevas, porque el puñetazo no escribe, sino que borra y niega, nos entrega con Matilde Espinosa, una luz que se convierte en verdad, tan clara y directa, que es imposible apartarla de nuestra mente. En su poema: Conversación, habla de una joven revolucionaria sacrificada en la selva del Chocó en 1984: Más alta que la muerte / la niebla la envolvió / púdicamente, para enterrar / el crimen. / Tal vez no hubo queja, / ni sollozo, nada. / Solamente el rojo vivo / de la sangre, el rojo fuego, / la única flor que estalla y mata. (18).

En esta forma nuestra poeta se torna universal, toma las alas de la poesía de todos los tiempos y trasciende. Me pregunto ahora ¿hasta cuándo tendremos que esperar para que Matilde Espinosa reciba el Premio Nacional de Poesía en Colombia, como una reconfirmación de su inmensa, de la infinita grandeza de su voz poética? Si en 1964, Anna Ajmátova viaja a Taormina (Italia), y recibe el Premio Internacional de Poesía, y luego, en 1965 es nombrada doctora Honoris Causa, por la Universidad de Oxford. Hace falta un gran reconocimiento para Matilde, que Colombia y el mundo se descubran ante la obra sin par de nuestra gran poeta.

Entonces repito con la poeta rusa los cuatro primeros versos de su poema Réquiem, aplicables por entero a Matilde Espinosa:

Jamás busqué refugio bajo cielo extranjero, / ni amparo procuré bajo alas extrañas. /

Junto a mi pueblo permanecí estos años, / donde la gente padeció su desdicha. (18).

La voz de Matilde se aparta de los modelos de poesía de su momento, es la poeta que ha abordado la realidad de su país y su desgarramiento, con la pasión que le hizo amar y comprender a los indígenas paeces del Huila, su caserío natal. La ruptura que su obra significa se la debe a sus orígenes, a ese alejado

y olvidado lugar, donde arranca su vida y que le permite desde niña, captar la profunda realidad del pueblo más olvidado de Colombia, sus sueños, sus angustias, que a pocos poetas, como a Matilde, los conmueve.

Nuestra poeta tampoco se contentó con ser una de las primeras mujeres en Colombia que se separó de su marido, sino que luchó por obtener el voto de la mujer, escribiendo artículos en revistas y desde la tribuna de una plaza pública, cuando vivió en Cali, Valle del Cauca. Lucha que continúa luego en Bogotá y a través de su poesía.

Rogelio Echevarría en su libro Quién es quién en la poesía colombiana, publicado por el Ministerio de Cultura (1998) nos presenta una nota de la poeta colombiana Maruja Vieira, en la cual considera que Matilde Espinosa es una de las voces más altas, sonoras y cristalinas que haya producido en este siglo la literatura en idioma castellano (…) Pero no es en sus diez libros que radica totalmente el valor de su obra. Es en el permanente influjo que ella ejerce, sobre quienes se le acercan en busca de orientación y de consejo. Su voz, hecha de música y ternura, sólo sabe de palabras de aliento, de frases de elogio para el trabajo de las otras mujeres, de amistad y de amor (…) Se le han hecho homenajes, que ella presencia desde su hondísimo dolor por la pérdida de sus dos hijos, mientras, llena de ánimo, asume la misión de iluminar las horas arduas del bienamado compañero de su vida, Luis Carlos Pérez. Su voz, como una campana de oro, tañe y repica desde el amanecer hasta el ocaso, el ángelus de la poesía (…) Bella y sonora, su poesía está llamada a perdurar en el siglo que muere y el milenio que avanza, porque está hecha con los más puros elementos de la inteligencia, la bondad y la valentía.

El homenaje que las mujeres colombianas le debemos a Matilde es enorme, puesto que ella congregó a su alrededor a un inmenso grupo de mujeres poetas, de todas las edades, que la admirábamos y descubrimos e su sabiduría nuestra verdad, puesto que ante todo la signaba su gran capacidad de liderazgo. La mayoría asistimos al Encuentro de Mujeres Poetas colombianas, que se reúne cada año en el Museo Rayo, en Roldanillo, Valle del Cauca, desde hace 38 años consecutivos. Y Matilde creía profundamente en el Encuentro y en la poesía de las mujeres de su país. La directora de este Encuentro, la poeta Águeda Pizarro la designó Almadre, lo cual significa que su obra poética corresponde a una de las más importantes y originales de nuestro país.

Ella representó para todas las poetas, una gran Maestra y una guía, gracias a su lucidez, generosidad y desprendimiento de toda vanidad y egoísmo. Celebro la obra de Matilde Espinosa, pionera y precursora, dueña de una poesía que se aparta de cualquier encasillamiento, siempre nueva y siempre única, que nos

abrió paso a las mujeres colombianas y a las del mundo entero, para estar hoy escribiendo, luchando hombro a hombro, con los varones, sin dar nunca nuestro brazo a torcer, siempre fiel seguidora de su voz interior.

Gracias Matilde por darnos voz, por habernos despejado el camino hasta lograr el voto de la Mujer en Colombia y por continuar desde el espacio de luz que habitas ahora, velando porque siempre las mujeres tengamos un lugar en el gran concierto de voces poéticas de nuestro país y del mundo.

Guiomar Cuesta Escobar

Poeta, Miembro de Número la Academia Colombiana de la Lengua

Cronología de Matilde Espinosa

1910 MatildeEspinosanaceenHuila,Cauca,un25demayo. 1912 – 1913 Vive en Silvia, Cauca

1916

La familia se traslada a vivir en Santander de Quilichao, donde

1922

vivían sus abuelos paternos.

Estuvo interna en el Colegio de las Hermanas de la Caridad.

1923

Escribe su primer poema a los 13 años, para Gerardo, el

enamorado de su prima Elisa.

1925

Viaja a La Plata, donde vivía su tía materna, Felisa de Perdomo.

1926

Viaja a Popayán invitada por su hermano, Jesús María, y conoce a

Efraim Martínez.

1928

Se casa con Efraim Martínez.

1929

Viaja con su hermano, Jesús María, a París.

1929 – 1931 Se radica en París junto a su esposo Efraim Martínez, allí nacen sus dos hijos, Fernando y Manuel José (Manolo) Martínez Espinosa.

1929 – 1936 Se convierte en la modelo para los desnudos de Efraim Martínez.

1931 Regresa de París con su esposo e hijos, a vivir en Colombia y se radican en Popayán.

1936 Matilde se separa de Efraim Martínez y se va a vivir con su familia a Cali.

1936 – 1948 Se radica en Cali y empieza su lucha por los derechos de la mujer, tanto por el derecho al voto como por los derechos de la participación política de la Mujer.

1939 – 1940 Crea el periódico Avanzada femenina, en Cali, junto con la Concejal Cecilia Muñoz y con Carmelita Montaña, para defender los derechos de la mujer.

1940 Viaja a Bogotá y se reúne con algunos miembros del Partido Comunista.

1941 Realiza un viaje por enfermedad, a los Estados Unidos, pasa por La Habana y conoce a Juan Marinello, secretario del Partido Comunista y al poeta Nicolás Guillén.

1946 Participa en II Congreso Nacional Femenino, que se reúne en Bogotá, el 23 de mayo, y gracias a su importante discurso, luego la invitan a Barranquilla y a Medellín.

1948 Se casa por lo civil con el abogado penalista, Luis Carlos Pérez, en Quito, Ecuador.

1948 Matilde Espinosa comienza a escribir su poesía.

1948 Al radicarse en Bogotá, Matilde se une a la lucha por el voto, enla capital y al Partido Comunista de esta ciudad.

1951 Viaja con Luis Carlos Pérez a la Unión Soviética y a Hungría. 1955 Recital en el Museo Nacional de Bogotá, fue un acontecimiento, sellenólasala.EralaépocadelaDictaduradeRojasPinilla.Matilde representaba la lucha contra ese régimen.

1955 MuerensuhermanaLibradayChepita,sumamá.

1955 Publica su primer libro: Los ríos han crecido. Presenta su libro en un recital en el Museo Nacional de Bogotá. Época de la dictadura de Rojas Pinilla. Ella simbolizaba la lucha contra ese régimen.

1956 Muere Efraim Martínez.

1956 Matilde Espinosa y Luis Carlos Pérez se casan por lo católico. 1992 Muere su hijo Fernando Martínez Espinosa, cuando su vehículoseestrellacontraunatractomula,enlacarreteraqueconducedeTunjaa Popayán.

1998 MuereLuisCarlosPérez.

2000 Dos sicarios matan a su hijo, el periodista Manolo Martínez Espinosa. Periodista, contaba con un espacio en la radio: El Yunque, donde denunciaba atropellos e injusticias. Estaba amenazado de muerte.

2005 Homenaje de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer de la Presidencia de la República. 2° Encuentro de Escritoras colombianas.

2008 Muere Matilde el 19 de marzo.